23 abr 2014

DOMINGO DE RAMOS

¿Quién es éste al que hay que escuchar? Mt. 21, 10


LO QUE CELEBRAMOS:

La conmemoración de la entrada del Señor a Jerusalén y la solemne proclamación de la Pasión.


LO QUE CARACTERIZA EL DÍA:

• Recibe su nombre del doble motivo de la celebración: tras aclamar a Jesús como Rey y Mesías
en su entrada triunfal a Jerusalén, anuncia el misterio de su Pasión a través de la proclamación de las lecturas de la Eucaristía.

• Con la procesión de entrada se indica que ha llegado la «hora» del Cristo, el Mesías y Siervo, al que el Padre nos pide «escuchar» y que expresando «el amor más grande» (Jn 13,1-2) entra a Jerusalén para su entrega Pascual.

• La Iglesia, con cantos y agitando palmas, profesa su fe en que la Cruz y la muerte de Cristo han traído la victoria sobre el pecado.

• Las vestiduras de color rojo indican el carácter de martirio y donación de Cristo.


A LO QUE NOS INVITA:

• Escucharemos al inicio en la procesión de entrada y bendición de Ramos a Mt 21, 1-11, que nos narra la entrada de Jesús a Jerusalén en medio de cantos de júbilo y surge una pregunta crucial: «¿Quién es éste?».

• Y en la liturgia de la Palabra en la que se proclamará solemnemente la Pasión del Señor según Mt 27,11 54, en medio de insultos al Crucificado, se escuchará «¿No decía que era Hijo de Dios?». Dos preguntas que bien pueden ayudarnos en la vivencia de este día al inicio de la Semana Santa.

• El relato del Bautismo y la Transfiguración del Señor nos ha respondido a la pregunta de las gentes: Jesús es el Hijo Amado al que hay que escuchar. Ante el cuestionamiento tentador «si eres el Hijo de Dios...», que estará también presente en la Cruz, la actitud de confianza en el Padre lo reafirmará en su decisión de entregar la vida por nuestra redención.

UNA PALABRA DE FRANCISCO 

«Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera decirles: alegría. No sean nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca se dejen vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús, que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos!» Homilía Domingo de Ramos, marzo 25 de 2013.

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